SAFARI CLUB INTERNACIONAL

TAXIDERMIA MEDINA

EL ARTE DE LA NATURALIZACIÓN

HOMENAJE


ARTÍCULO DE LA REVISTA "CAZA Y SAFARIS"
Número 310 - Octubre 2010
Textos y foto: Adolfo Sanz Rueda.

GREGORIO MEDINA
Sobre el trabajo bien hecho.

La noche de Septiembre dio paso a una noche cargada de brisas, la mareita, que se dice en Las Ventas con Peña Aguilera. Se agradecía, era como si el calor acumulado en los últimos días de Agosto se evaporara en esas noches de Otoño.

Sentados en un poyo, el típico poyo de pueblo para tomar el fresco, me dispuse a disfrutar de la palabra serena de Gregorio Medina Sánchez, Goro, a la deliciosa tarea de hilar la hebra con él.

Goro nació en Las Ventas con Peña Aguilera un 12 de Marzo de 1933. Pasó gran parte de su niñez en la finca La Salceda, propiedad del famoso matador de toros Marcial Lalanda, donde su padre ejercía de encargado.

Siendo aún un niño, con 11 años, comenzó a trabajar de carpintero, oficio en donde en el que era habilidoso y en el ejerció durante varios años, pero el trabajo comenzó a faltar… y había que buscarse la vida, es por lo que Gregorio se dedicó al estudio de la taxidermia junto a alguno de los hijos de Marcial. Poco a poco, y dada su desenvoltura en este arte, iba haciendo cada vez más cosas, sobre todo trofeos de venado y jabalí, hasta que en 1958, era tal ya el volumen de trabajo, que decidió dedicarse en exclusiva a la taxidermia, acababa de nacer TAXIDERMIA MEDINA.

Sus hijos, según iban terminando sus estudios, se fueron incorporando al taller, Ramón, Jesús, Ángel, Gregorio y María del Mar. De espíritu inquieto, a principios de la década de los 80 del siglo pasado, viajó a Italia con el propósito de aprender nuevas técnicas, haciendo desde entonces los moldes de poliuretano, se puede decir que fue uno de los pioneros en España en el empleo de este material.

Más tarde fue su hijo Ramón el que viajó a Estado Unidos para ampliar conocimientos y ver la forma de trabajar de los norteamericanos… Y la taxidermia fue creciendo, en la actualidad trabajan en ella once personas y tienen clientes de todo el mundo.

El reconocimiento al trabajo bien hecho llegó primero en 1996, cuando le otorgaron el Premio de Turismo de la Cámara de Comercio e Industria de Toledo. Pero sobre todo el año pasado, cuando recibió un emotivo homenaje por parte de sus compañeros de la Asociación Nacional de Taxidermistas, por su trayectoria y buen hacer.

De mareita nada, aquello ya era una marea hecha y derecha, por lo que, no sin pensar, cada mochuelo marchó a su olivo. Al fondo, agudizando el oído, se escucha berrear los venados. Goro me acaba de regalar un rato de esos que son difíciles de olvidar, y es que, además, es muy buena gente. CyS.